Pensamos la educación religiosa dentro del concepto de cultura. La religión, en cuanto hecho cultural, se construye sobre la naturaleza y lleva consigo una búsqueda, común a todas las religiones. El hecho religioso es un hecho humano, claramente atestiguado en la historia de la humanidad hasta el presente. En las sociedades contemporáneas observamos tendencias, tanto hacia la desacralización como al surgimiento de lo religioso. A nuestro entender, la presencia de la educación religiosa en la escuela se justifica desde la perspectiva de la educación integral. Es el hombre mismo quien la reclama para su formación completa. Asumimos una antropología abierta a la trascendencia y por tanto, una educación abierta a la trascendencia (respuesta al misterio de existencia, descubrimiento de la persona y de la humanidad, vivencia de valores cristianos, …) que permita mirar el futuro con esperanza. Esto es fundamental en una educación que quiere ser factor de liberación y humanización.

En el área de educación religiosa presentamos una síntesis orgánica de los conocimientos relativos a la fe católica. Establecemos relaciones profundas con la cultura y con la vida. Revalorizamos el carácter humanizador de lo religioso y tomamos conciencia de que el dialogo entre la fe y el resto de la cultura contribuye a liberar y colmar al ser humano, ofreciéndole sentido para la vida, abriéndoles a la realidad del mundo, potenciando su libertad, integrándolos a una comunidad para el compromiso y el bien común. Ofrecemos, promovemos y favorecemos la vivencia práctica de la fe católica.

El marco específico de desarrollo son a través de:

  • Clases programáticas de Formación Religiosa.
  • Preparación a los Sacramentos de iniciación. Eucaristía y Confirmación.
  • Eucaristías mensuales.
  • Sacramento de la Reconciliación en tiempos fuertes.
  • Celebraciones.
  • Jornadas y Retiros Espirituales.
  • 15’ de Dios. Espacio de Oración preparado por los mismos alumnos para los alumnos.
  • Formación de Animadores.
  • Fiestas Patronales de San Martín de Tours y San Agustín.